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Observar siempre todo lo que hay a nuestro alrededor, cosas y gente. La capacidad de observación es un don que poca gente tiene. La mayoría pasa todos los días por el mismo sitio y no se fija en ninguno de los detalles que hay en el camino. O permanece en un lugar y sale de él sin haber observado nada. Observar es inagotable. Es la mejor forma de vencer el aburrimiento y la impaciencia. Y, además, por la observación se desarrolla la atención. Adquirida la costumbre de observar y de sacar consecuencias de la observación, basta una mirada para comprender muchas cosas y para emitir un juicio acertado en cada circunstancia.
La ofensa sólo existe si se recibe como tal. Haz como si no existiera, no te ofendas y no existirá. Es imposible que otro nos ofenda si nosotros no nos damos por ofendidos. Considerarse ofendido es una prueba de inferioridad. Cualquier persona del mundo puede decir de ti, o decirte a la cara, cualquier cosa que sea. Eso, allá él. Pero nadie ha de poder ofenderte. Si no nos damos por ofendidos, queda desvirtuado el insulto. El otro, al intentar ofendernos, sólo quiere esto: que nos ofendamos. Si no nos ofendemos, si nos manifestamos invulnerables, inutilizamos su ataque. ¿Qué mejor cosa podemos hacer que inutilizar los ataques de nuestros enemigos?
Intenta ser tú mismo. No envidies ni imites a
los otros. La envidia es ignorancia y la imitación suicidio. De los otros hemos
de saber tomar todo lo bueno. En este sentido, de cualquier otra persona
podemos aprender alguna cosa. Pero esto no quiere decir de ninguna manera que
tratemos de «imitar» a los otros, sino que hemos de asimilar sus buenos
ejemplos, sus cualidades y sus conocimientos y transformarlo todo dentro de
nosotros en elementos fijos de nuestra personalidad.
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Ser invenciblemente alegres. Si conseguimos amar la vida, nuestra alegría aumentará. No hay goce posible sin este amor. No se concibe goce alguno sin alegría. Por gozar la vida se entiende divertirse con cualquier cosa que se haga y conseguir que los demás se diviertan en nuestra compañía. Si lo conseguimos estaremos capacitados para explicar a los otros en qué consiste el goce de la vida.
Tratar a los otros con consideración, aunque
les despreciemos. Tratarles como a seres inteligentes, aunque nos parezcan
tontos. Tratarles con corrección aunque ellos tengan poca o ninguna. Tratarles
con cordialidad, aunque ellos se muestren complacidos en ofender. Tratar a
todo el mundo como corresponde a nuestra nobleza, a nuestro señorío. Recordar
las palabras de Hamlet: «Tratadles mucho mejor de lo que merecen. Si a todos
nos trataran como merecemos, ¿quién escaparía del látigo?»
Esta página quiere recordar a Ed. Bruguera, Pulgarcito, DDT, Tiovivo, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, etc, etc. Pero muy especialmente a Noel Clarasó que nos deleitaba e instruía en sus páginas con anécdotas y curiosidades de maravillas del mundo. Cuando en los años 60 caía en nuestras manos alguna de las publicaciones citadas lo primero que buscábamos era la sección de Noel Clarasó. Creíamos que era un seudónimo, algo tan imaginario como los personajes de los cuentos de Bruguera. Dejamos de leer el Pulgarcito y nos dedicamos a cultivar una parcelita y mira por donde el mejor libro de jardinería que tuvimos era Jardinería Doméstica de Noel Clarasó. No era de ficción, existía y había sido Técnico del Ayuntamiento de Barcelona en el área de parques y jardines, articulista, novelista, guionista de TV, etc., etc., pero especialmente de su obra, se deduce su bonhomía. Gracias, Noel, por habernos acompañado en nuestra infancia, por habernos enseñado los cuidados de las plantas de una forma tan amena, por tu obra literaria y por estos consejos que son útiles para cualquier edad.
Esta página quiere recordar a Ed. Bruguera, Pulgarcito, DDT, Tiovivo, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, etc, etc. Pero muy especialmente a Noel Clarasó que nos deleitaba e instruía en sus páginas con anécdotas y curiosidades de maravillas del mundo. Cuando en los años 60 caía en nuestras manos alguna de las publicaciones citadas lo primero que buscábamos era la sección de Noel Clarasó. Creíamos que era un seudónimo, algo tan imaginario como los personajes de los cuentos de Bruguera. Dejamos de leer el Pulgarcito y nos dedicamos a cultivar una parcelita y mira por donde el mejor libro de jardinería que tuvimos era Jardinería Doméstica de Noel Clarasó. No era de ficción, existía y había sido Técnico del Ayuntamiento de Barcelona en el área de parques y jardines, articulista, novelista, guionista de TV, etc., etc., pero especialmente de su obra, se deduce su bonhomía. Gracias, Noel, por habernos acompañado en nuestra infancia, por habernos enseñado los cuidados de las plantas de una forma tan amena, por tu obra literaria y por estos consejos que son útiles para cualquier edad.