
El oricalco, del que ahora no tenemos más que el nombre -entonces, además, del nombre, existía el propio producto del oricalco, extraído de la tierra en muchos lugares de la isla, y era, con la excepción del oro, el metal más precioso de los de entonces-.
El buen régimen
Otra historia judía cuenta que un hombre de avanzada edad, que se sentía muy cansado, pidió hora con un médico de renombre.
El médico le toma la tensión, le examina los ojos, los pulmones, la garganta. Le hizo un electrocardiograma, un encefalograma y otras pruebas y análisis. Cuando se conocieron los resultados, el médico llama al paciente, verifica algunos detalles, escribía durante un cuarto de hora largo unas líneas en una hoja de papel blanco y finalmente dijo:
-Lo he apuntado todo aquí. A partir de hoy, no volverá a fumar ni a beber una sola gota de alcohol, bajo ningún pretexto. Suprimirá el azúcar y todas las grasas, incluso el aceite de girasol. También suprimirá las patatas, las judías y todas las féculas en general. Se abstendrá de hacer el amor. Esto es lo que puede comer: ensalada y puerros hervidos, sin condimento alguno, unos pocos nabos al vapor, manzanas al horno, evidentemente sin azúcar y, dos veces por semana, cien gramos de carne magra a la parrilla. Para acabar, una vez a la semana podrá comer un yogur natural y un trozo de pez hervido, sin aceite ni mantequilla. Si no sigue mis instrucciones, le doy tres meses de vida.
-Y, si las sigo -pregunta el hombre-, ¿puedo esperar vivir más tiempo?
-No -dijo el médico-. Pero el tiempo le parecerá más largo.