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jueves, 6 de marzo de 2014

Librería Chundarata (Pamplona)



(Bagdad)… Hay también muchos baños de los más maravillosos que he visto, casi todos embadurnados de alquitrán hasta la azotea, así que al que los mira le parecen de mármol negro. Este alquitrán se saca de una fuente que hay entre Küfa y Basora, de la que se le hace manar continuamente. En los bordes del manantial se hace como arcilla, se traspalea y acarrea para Bagdad. En cada uno de estos baños hay muchas celdas con el suelo y la mitad inferior de las paredes untados de alquitrán, mientras la mitad de arriba está recubierta de yeso puro, blanco; de este modo, los dos contrarios se juntan y sus bellezas se encuentran frente a frente.

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(al-Qayyára, cerca del Tigris) Hay allí una tierra negra, con fuentes que manan alquitrán. Construyen zafareches para acopiarlo; te parece como si fuera arcilla fresca en la superficie de la tierra, pero de color muy negro y brillante y con buen olor. Alrededor de estos manaderos hay una alberca negra, que tiene por encima como un verdín muy fino que rebosa por los lados y que se convierte también en alquitrán. Cerca de este lugar hay una gran fuente: cuando quieren sacar de ella alquitrán, le prenden fuego por encima; la llama absorbe toda la humedad y pueden luego cortar el alquitrán en trozos y transportarlo. Ya hemos hablado antes de una fuente como éstas, situada entre Küfa y Basora. Hicimos dos jornadas desde estos manaderos y llegamos a Mosul.

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Entre los chinos no hay curso de monedas de oro y plata. Todas las que llegan al país se funden en lingotes, como decíamos. Compran y venden con trozos de papel, grandes como una mano y marcados con el sello del rey. Veinticinco de estos billetes reciben el nombre de balist, lo que quiere decir «dinar» entre nosotros. Si estas piezas de papel se estropean en poder de alguien, las lleva a una casa de la moneda como nuestra ceca y recibe otras nuevas a cambio de las usadas, sin pagar nada porque los funcionarios encargados tienen asignaciones por cuenta del sultán. El regidor de esta casa de la moneda es uno de los principales dignatarios. Si alguien va al mercado con monedas de oro o plata pretendiendo comprar algo, no se las cogen ni le hacen el menor caso hasta que las cambia por balist y así compra cuanto quiere.

(Ibn Battuta - A través del Islam)