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sábado, 18 de abril de 2020

Reus



Muchos ríos antes se deslizarán apartándose del mar inmenso
y antes el año conducirá al revés sus estaciones,
que se mude en lo hondo de mi corazón mi amor a ti. 
Puedes ser lo que quieras, no, sin embargo, ajena;
antes que a ti no te parezcan de poco valor esos ojos tuyos,
por los que a menudo he confiado en ti, pérfida. 
Que éstos, jurabas tú, se te cayesen a las manos, 
dispuestas para ello, si en algo habías mentido.
¿y eres capaz de levantarlos y mirar al gran Sol,
y no tiemblas, teniendo en la conciencia la infidelidad que has cometido?
¿Quién te obligaba a palidecer cambiando mucho de color
y a derramar lágrimas con ojos forzados?
Por ésos yo, futuro consejero de amantes como yo, 
muero ahora. «¡Oh, de ningunos halagos es seguro fiarse!»

****
«Puerta, mucho más cruel incluso que la misma dueña,
¿por qué callas cerrada con tus hojas para mí tan duras?,
¿por qué, nunca abierta, no admites mis amores,
sin saber contestar, compadecida, a mis furtivas súplicas?
¿No se concederá ningún límite a mi dolor,
y en el umbral tibio me llegará un torpe sueño?.
De mí en el suelo se duelen las noches cerradas, de mí los astros
en todo su esplendor, y de mí la brisa fila de la matutina escarcha.
Tú que, la única, jamás te apiadaste del dolor de los hombres, 
respondes a tu vez con tus callados quicios. 
¡Oh, ojalá mi tenue voz, pasando a través de una fina rendija,
se dirija a los oídos de mi dueña y los traspase!, 
aunque sea ella más resistente que la roca Sicana, 
aunque sea también más dura que el hierro y el acero, 
no podrá, sin embargo, reprimir ella sus ojos,
y en medio del llanto no querido, surgirá un suspiro. 
Ahora reposa apoyada en el afortunado brazo de otro,
y mis palabras caen en el nocturno Céfiro.
Pero tú, la única, tú, la máxima causa del dolor mío, 
puerta jamás vencida por mis presentes,
a ti no te ofendió atrevimiento alguno de mi lengua, 
que suele en momentos de ira decirlo todo, hasta el punto 
de que tú permites que yo, ronco por tan prolongadas quejas,
en la calle pase en vela angustiadas esperas.
A ti, por el contrario, muchas veces te he tejido poemas en insólitos
versos, y apoyado en tus gradas te di apretados besos.
¡Cuántas veces me di la vuelta, pérfida, ante tus goznes,
y ofrecí con disimuladas manos las debidas ofrendas!»
Todo esto dice él y cuantas cosas sabéis los infelices amantes,
y se sobrepone con sus lamentos a las aves de la mañana.
«Así a mí ahora, por causa de los vicios de mi dueña y de los llantos
de un eterno amante, se me censura con odio perpetuo.»

****
Por esto, mientras podamos, gocemos nosotros amándonos:
Con ninguna duración es bastante largo un amor.

Propercio

En España de cada diez cabezas nueve embisten y una piensa. 
(Antonio Machado)



jueves, 16 de abril de 2020

Pasa página




¡Oh, dichosa quietud, cuando, testigo de un primer amor, 
asistí yo, cómplice, a vuestras lágrimas!
¡Oh, qué dichoso placer es para mí recordar la noche, 
oh, cuántas veces han de invocarla mis votos,
cuando vi, Galo, que desfallecías entre los brazos 
de tu amada y arrastrabas palabras en prolongada pausa!. 
Aunque el sueño oprimiera y cerrase mis ojos,
y la Luna luciera en el cielo a mitad de su carrera, 
no pude, sin embargo, separarme de vuestro juego, 
¡había ardor tan grande en vuestras mutuas palabras!.
Pero puesto que no has temido confiarte a mí, 
recibe la recompensa de compartir conmigo tu alegría. 
No sólo he sabido mantener en secreto vuestras penas; 
en mí, amigo mío, hay algo más grande que la lealtad. 
Puedo yo unir de nuevo a amantes separados,
y puedo abrir las lentas puertas de mi dueña;
y puedo sanar las heridas recientes de la otra,
y existe en mis palabras eficaz medicina.
Cintia me enseñó qué es lo que debe pedirse siempre, 
y qué debe evitarse. No poco ha hecho Amor.
Evita tú el prurito de reñir con ella, si está malhumorada, 
o decir palabras altaneras, o mantener un prolongado silencio.
Evita, si algo ha pedido, decirle que no con áspera cara, 
o que resulten inútiles sus palabras afables para ti. 
Anda irritada cuando se la desprecia,
y, herida, no piensa en deponer sus justas amenazas.
Pero cuanto más humilde seas y sumiso al amor,
tanto más podrás a menudo gozar de buenos resultados. 
Será capaz de permanecer feliz con una sola amante
el que nunca esté libre, con su corazón desocupado. 

****
Tú sola para mí eres mi casa, tú sola mis padres,
Cintia, tú, todos mis momentos de alegría.
Ya ande triste, ya al contrario alegre, a mis amigos
 Les diré,  esté como esté, “la causa ha sido Cintia”.

****
Pues, ¿quién se goza con las riquezas, teniendo a Amor en contra?
¡Nada agradable puede haber para mí, si Venus me es desfavorable!

Propercio

LOS DIOSES DE LOS ENCABEZAMIENTOS DEL CUADERNO DE EJERCICIOS

Mientras paso en mis encarnaciones de cada edad y raza, 
las debidas reverencias hago a los Dioses de los Mercados.
 Asomado tras mis dedos aduladores observo cómo florecen y caen, 
y los Dioses de los Encabezamientos del Cuaderno, según veo,  
a todos ellos sobreviven. 

Entre árboles vivíamos cuando nos conocieron. 
A cada uno por orden nos fueron enseñando 
que el Agua moja siempre, igual que el Fuego quema siempre: 
pero nos parecieron faltos de Inspiración, Visión y Amplitud de Mente, 
así que dejamos que enseñasen a los Gorilas mientras seguíamos 
la Marcha de la Humanidad. 

Nos movíamos al dictado del Espíritu. 
Ellos no alteraron nunca su paso, 
sin ser nube o viento como los Dioses de los Mercados; 
pero se ponían siempre al día en nuestros progresos, 
y pronto llegaría noticia de que había sido borrada 
una tribu de su banco de hielo, 
o  un apagón de las luces de Roma. 

Con las Esperanzas sobre las que nuestro Mundo se construye 
habían perdido contacto por completo, 
negaban que la Luna fuese Stilton, 
negaban incluso que fuese de Holanda. 
Negaban que los Deseos fuesen Caballos; 
negaban que un Cerdo tuviese Alas. 
Así que veneramos a los Dioses de los Mercados 
que estas cosas hermosas prometían. 

Cuando se formaban los yacimientos del Cámbrico, 
prometieron la paz perpetua. 
Juraron, si les entregábamos nuestras armas, que cesarían las guerras entre las tribus. 
Mas, desarmados, nos vendieron y atados nos enviaron al enemigo, 
y los Dioses de los Encabezamientos del Cuaderno dijeron: 
«Sed fieles al Diablo que conocéis.» 

Con las primeras areniscas del Devónico nos prometieron, la Vida Más Plena 
(que empezaba en el amor a nuestro prójimo y terminaba en el amor a su esposa) 
hasta que dejaron nuestras mujeres de tener hijos y perdieron los hombres la razón y la fe, 
y los Dioses de los Encabezamientos del Cuaderno dijeron: 
«El Pago por el Pecado es la Muerte.» 

En la Época Carbonífera prometieron para todos abundancia, 
robando al selectivo Pedro para pagar al colectivo Juan; 
mas, aunque tuvimos mucho dinero, nada había que el dinero pudiese comprar, 
y los Dioses de los Encabezamientos del Cuaderno dijeron: 
«Si no trabajáis, moriréis.» 

Entonces se derrumbaron los Dioses de los Mercados, retrocedieron sus hechizos y zalamerías, 
fueron humillados los más mezquinos corazones y empezaron a creer como verdad 
que No Todo lo que Reluce es Oro, y que Dos más Dos son Cuatro. 
Y los Dioses de los Encabezamientos del Cuaderno cojeando lo explicaron una vez más. 

.......................... 

Así como será en el futuro, fue el nacimiento del Hombre sólo cuatro cosas ciertas hay desde el comienzo del Progreso Social: 
que regresa el Perro a su Vómito y la Cerda a su Lodazal, 
y que el dedo vendado del Estúpido que se ha quemado, tembloroso va de nuevo al Fuego; 

y que, esto alcanzado y el bravo nuevo mundo comience 
cuando sean pagados todos los hombres por existir 
y deba ninguno pagar por sus pecados, 
tan cierto como el Agua que moja siempre, 
tan cierto como el Fuego que quema siempre, 
los Dioses de los Encabezamientos del Cuaderno 
regresarán en medio del terror y la masacre.

(Rudyard Kipling - 1919)

martes, 14 de abril de 2020

Bagà - 20 y 21 Caminadas Populares


Vidas Paralelas

Numa

XVII. Hízose esta distribución por oficios: de los flautistas, los orfebres, los maestros de obras, los tintoreros, los zapateros, los curtidores, los latoneros y los alfareros, y así las demás artes, haciendo luego de cada una un solo cuerpo; y atribuyendo o concediendo a cada clase formar comunidad y tener sus juntas y su modo particular de dar culto a los dioses, entonces por la primera vez se quitó de la ciudad el decirse y reputarse sabinos o romanos, unos ciudadanos de Tacio y otros de Rómulo; de manera que la nueva división vino a ser armonía y unión de todos para con todos.
Elógiase también, entre sus disposiciones políticas, la corrección que hizo de la ley que concedía a los padres el derecho de vender los hijos, exceptuando a los casados, si el matrimonio se había hecho con aprobación o mandato del padre, porque le pareció cosa muy dura que cohabitara con un esclavo la mujer que se había casado con un hombre libre, en el concepto de serio.

XVIII. Puso asimismo mano en el arreglo del calendario, si no con gran exactitud, tampoco con una absoluta falta de examen, porque en el reinado de Rómulo contaban los meses desordenadamente y sin regla alguna, no dando a unos ni veinte días y dando a otros treinta y cinco, y aún muchos más, porque no teniendo conocimiento de la discrepancia que hay entre el sol y la luna, solamente atendían a que el año fuese de trescientos y sesenta días. Computando, pues, Numa que el resto de aquella discrepancia era de once días, por tener el año lunar trescientos cincuenta y cuatro y el solar trescientos sesenta y cinco, doblando aquellos once días, insertó un año sí y otro no después del mes de febrero este mes intercalar, que era de veintidós días, y los romanos le llaman «mercedino» (Mes en el que se pagaban las deudas.): remedio de la tal discrepancia que necesitó después de mayores medicinas. Mudó también el orden de los meses, porque a marzo, que antes era primero, lo hizo tercero, y primero a enero, que era undécimo bajo Rómulo, y duodécimo y último febrero, que ahora tienen por segundo. Muchos son de opinión que estos meses de enero y febrero fueron añadidos por Numa, no habiendo dado al principio al año más que diez meses, como algunos bárbaros tres meses, y entre los griegos los árcades cuatro, y los de Acarnania seis. Para los egipcios el año era de sólo un mes, y luego de cuatro, según dicen; y por esta causa los que habitan este país pasan por muy antiguos, y suben con sus genealogías a un número increíble de años, poniendo los meses por años en sus cómputos.

XIX. Puede ser una prueba de que los romanos sólo hacían el año de diez meses y no de doce el nombre mismo del mes último; porque aun hoy le llaman diciembre; y de que marzo era el primero, el orden mismo, porque al que era quinto desde él le decían quintil, al sexto sextil, y así en adelante cada uno de los demás. Luego, cuando pusieron enero y febrero antes de marzo, les sucedió con el mencionado quinto mes que en el nombre era quinto, y en la cuenta séptimo. Por lo demás hubo su razón para que el mes de marzo, consagrado por Rómulo a Marte, se considerase el primero, y el segundo abril, denominándose así de Afrodita, porque en él se hacen sacrificios a esta diosa, y en el día primero se bañan las matronas coronadas de mirto. Algunos opinan que no se llama abril de Afrodita, sino que, como tiene letra simple, se denomina abril este mes de que estando en él en su fuerza la primavera, abre y descubre los pimpollos de las plantas, porque esto es lo que la palabra indica. Al que se sigue por orden, de Maya le dicen mayo, porque está consagrado a Mercurio; y a junio lo denominan así de la diosa Juno. Mas hay algunos que sostienen tomar éstos su denominación de la edad más anciana y más joven; porque entre ellos los más ancianos se dicen maiores, y iuniores los más mozos. De los demás meses, a cada uno lo denominaban del lugar que tenía, como si contaran: quintil, sextil, septiembre, octubre, noviembre y diciembre; aunque después el quinto de César, el que venció a Pompeyo, se llamó Julio; y el sexto se llamó agosto del segundo emperador, que tuvo el sobrenombre de venerable. A los dos siguientes les dio sus nombres Domiciano; pero por muy poco tiempo, pues luego que le quitaron la vida volvieron a tomar los nombres primeros, llamándose septiembre y octubre; solos los dos últimos conservaron siempre la denominación ordinal que tuvieron desde el principio. De los que añadió o mudó de lugar Numa, febrero viene a ser como expiatorio, porque la voz casi lo indica, y entonces hacen sacrificios a los muertos y celebran la fiesta de las lupercales, que en las más de sus cosas se asemeja a una purificación. Es el primero januario, de Jano, y a mí me parece que a marzo, denominado de Marte, lo quitó Numa del lugar preeminente, con la mira de dar siempre más estima a la parte administrativa o civil que a la militar; porque de Jano, en lo antiguo, ora fuese genio, ora fuese rey, se dice haber sido político y social, y que indujo mudanza en el modo de vivir fiero y silvestre; y por esta razón lo pintan con dos caras, como que pasó la vida de los hombres de una forma y disposición a otra.

Pompeyo

XXVII. Cuanto en parecer hombre más te esfuerzas, más a los sacros dioses te pareces.

L. Creado prefecto de los abastos, para entender en su acopio y arreglo envió por muchas partes comisionados y amigos, y dirigiéndose él mismo por mar a Sicilia, a Cerdeña y al África, recogió gran cantidad de trigo. Iba a dar la vela para la vuelta a tiempo que soplaba un recio viento por todo el mar; y aunque se oponían los pilotos, se embarcó el primero y dio la orden de levantar el áncora diciendo: «El navegar es necesario, y no es necesario el vivir»; y habiéndose conducido con esta decisión y celo, llenó, favorecido de su buena suerte, de trigo los mercados y el mar de embarcaciones, de manera que aun a los pueblos extranjeros proveyó aquella copia y abundancia, habiendo venido a ser como un raudal que, naciendo de una fuente, alcanzaba a todos.

LXXVIII. Quien entrare en la casa de un tirano, esclavo es suyo aun cuando libre llegue.

Plutarco

El trabajo, la persistencia y la diligencia son las madres de la buena suerte. (Benjamin Franklin)



domingo, 12 de abril de 2020

Francia - La collection Simonow



Vidas Paralelas

Agis y Cleómenes

XXV. Que nunca en vano los lacedemonios acerca de los enemigos preguntan cuántos son, sino dónde están.

Tiberio y Cayo Graco

IX. Se mostró terrible e invicto cuando, rodeando el pueblo la tribuna, puesto en pie, dijo hablando de los pobres: «Las fieras que discurren por los bosques de Italia tienen cada una sus guaridas y sus cuevas; y los que pelean y mueren por Italia sólo participan del aire y de la luz, y de ninguna otra cosa más, sino que sin techo y sin casas, andan errantes con sus hijos y sus mujeres; y sus caudillos no dicen verdad cuando en las batallas exhortan a los soldados a combatir contra los enemigos por sus aras y sus sepulcros, porque de un gran número de romanos ninguno tiene ara patria ni sepulcro de sus mayores; sino que por el regalo y la riqueza ajena pelean y mueren, y cuando se dice que son señores de toda la tierra, ni siquiera un terrón tienen propio.»

XXVIII. Su principal cuidado lo puso en los caminos, atendiendo en su fábrica a la utilidad al mismo tiempo que a la comodidad y buena vista, porque eran muy rectos atravesando el terreno sin vueltas ni rodeos. El fundamento era de piedra labrada, que se unía y macizaba con arena. Se llenaban las depresiones, y los barrancos y precipicios excavados por los arroyos se igualaban y juntaban a lo llano por medio de puentes; la altura era la misma por todo él de uno y otro lado, y éstos siempre paralelos, de manera que el todo de la obra hacía una vista uniforme y hermosa. Además de esto, todo el camino estaba medido, y al fin de cada milla -medida romana que viene a ser de ocho estadios poco menos- puso una columna de piedra que sirviera de señal a los viajeros. Fijó además otras piedras a los lados del camino, a corta distancia unas de otras, para que los que iban a caballo pudieran montar desde ellas, sin tener que aguardar a que hubiera quien les ayudase.

Licurgo

XX. «Los que gastan pocas palabras no han menester muchas leyes». Arquidámidas, como algunos censurasen al sofista Hecateo, porque, convidado al banquete común, nada había hablado en él: «El que sabe hablar -les dijo-, sabe también el cuándo.»
...
Un joven, prometiéndole otro que le daría unos gallos que peleaban hasta morir: «Ésos no -le dijo-: dame gallos que peleen hasta matar.» 

Plutarco

Esperanza

Cuando la tormenta pase
y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.

Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.

Y le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.

Ya no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia,
seremos más compasivos.

Valdrá más lo que es de todos
que lo jamas conseguido.
Seremos más generosos
y mucho más comprometidos.

Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos.
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.

Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.

Y quizás el viejo pobre
era tu Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.

Y todo será un milagro,
y todo será un legado,
y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado.

(Alexis Valdés)


viernes, 10 de abril de 2020

Francia - Du bruit dans la cuisine



Vidas Paralelas

Demetrio

XXXII. ...la sentencia de Platón, que exhorta al que quiera ser verdaderamente rico a que en lugar de aumentar la riqueza disminuya el deseo insaciable de tener pues el que no sabe acallar la avaricia jamás se verá libre ni de pobreza ni de apuro.

LXXI. ...Cleopatra juntó diferentes suertes de venenos mortales, y para probar el grado de dolor con que cada uno ocasionaba la muerte los hizo propinar a los presos de causas capitales; mas habiendo visto que los que eran prontos causaban la muerte acompañada de dolores, y que los más benignos obraban con lentitud, quiso hacer experiencia de los animales ponzoñosos, observando ella por sí misma la aplicación de una especie a uno y de otra o otro; lo que ejecutaba todos los días. Encontró, pues, que entre todos sólo la picadura del áspid producía sin convulsiones ni gemidos un sopor dulce y una especie de desmayo, en virtud del que, con un blando sudor del rostro y amortiguamiento de los sentidos, perdían poco a poco la vida los que habían sido picados, enojándose de que intentaran despertarlos y hacerles volver en sí, a manera de los que tienen un sueño profundo. 

Pirro

III. Resplandecía en el semblante de Pirro la dignidad regia, sobresaliendo más, sin embargo, lo temible que lo majestuoso. No tenía el número de dientes que los demás, sino que arriba tenía un solo hueso seguido, en el que, como con líneas delgadas, estaban aquellos designados. 

VIII. Reprendiendo a unos jóvenes que entre copa y copa le habían insultado, les preguntó si era cierto que habían proferido aquellas injurias, y como uno de ellos respondiese: «Ésas mismas, ¡oh rey!, y aun habríamos proferido más si hubiéramos tenido más vino», echándose a reír, los dejó ir libres.

Mario

VI. Conceden todos a Mario la templanza y la paciencia, habiendo dado de ésta un grande ejemplo con el motivo de cierta operación de cirugía. Tenía entrambas piernas muy varicosas, causándole esta especie de hinchazón una deformidad que le disgustaba, por lo que resolvió ponerse en manos del cirujano. Presentóle, pues, la una pierna, y sin que le ligasen, sufrió los violentos dolores de las incisiones sin moverse y sin lanzar un suspiro, en silencio y con inalterable rostro; pero pasando a la otra el cirujano, ya no quiso alargarla, diciendo: «No veo que la curación de este defecto sea digna de un dolor semejante.»

Plutarco

Habla mal de nadie, pero habla todo lo bueno que sabes de todos. (Benjamin Franklin)





miércoles, 8 de abril de 2020

Circuito Insular de Artes Plásticas




Vidas Paralelas:

Alejandro

VI. Trajo un día un tesalio llamado Filonico el caballo Bucéfalo para venderlo a Filipo en trece talentos, y habiendo bajado a un descampado para probarlo, pareció áspero y enteramente indómito, sin admitir jinete ni sufrir la voz de ninguno de los que acompañaban a Filipo, sino que a todos se les ponía de manos. Desagradóle a Filipo, y dio orden de que se le llevaran por ser fiero e indócil; pero Alejandro, que se hallaba presente: «¡Qué caballo pierden -dijo-, sólo por no tener conocimiento ni resolución para manejarle!» Filipo al principio calló; mas habiéndose repetido, lastimándose de ello muchas veces: «Increpas -le replicó- a los que tienen más años que tú, como si supieras o pudieras manejar mejor el caballo»; a lo que contestó: «Éste ya se ve que lo manejaré mejor que nadie.» «Si no salieres con tu intento -continuó el padre-, ¿cuál ha de ser la pena de tu temeridad?» «Por Zeus –dijo pagaré el precio del caballo.» Echáronse a reír, y convenidos en la cantidad, marchó al punto adonde estaba el caballo, tomóle por las riendas, y volviéndole, le puso frente al sol, habiendo observado, según parece, que el caballo, por ver su sombra, que caía y se movía delante de sí, era por lo que se inquietaba. Pasóle después la mano y le halagó por un momento, y viendo que tenía fuego y bríos, se quitó poco a poco la clámide, arrojándola al suelo, y de un salto montó en él sin dificultad. Tiró un poco al principio del freno, con las riendas en alto, y sin castigarle ni aun tocarle le hizo estarse recogido. Cuando ya vio que no ofrecía riesgo, aunque hervía por correr, le dio rienda y le agitó, usando de voz fuerte y aplicándole los talones. Filipo y los que con él estaban tuvieron al principio mucho cuidado y se quedaron en silencio; pero cuando después de doblar la meta, volvió directamente con facilidad y soltura, mostrándose ufano y alegre, todos los demás prorrumpieron en voces de aclamación; mas del padre se refiere que lloró de gozo, y que besándole en la cabeza luego que se apeó: «Busca, hijo mío -le dijo-, un reino igual a ti, porque en Macedonia no cabes.»

XIV. ...tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro. Saludóle éste, y preguntándole en seguida si se le ofrecía alguna cosa, «Muy poco -le respondió-: que te quites del sol». Dícese que Alejandro, con aquella especie de menosprecio, quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: «Pues yo, a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes.»

César

XXXVIII. ...Por el río Aoo había de bajar la embarcación al mar, y la brisa de la mañana, retirando las olas, suele mantener la bonanza en la desembocadura; pero en aquella noche el viento de mar, que sopló con fuerza, no dio lugar a que aquélla reinase. Enfurecido por tanto el río con el flujo del mar y resistencia de las olas, le hicieron tan peligroso y terrible el ruidoso estruendo y los precipitados remolinos, que dudando el piloto poder contrastar a la violencia de las aguas dio orden a los marineros de mudar de rumbo, con ánimo de volver al puerto. Adviértelo César, se descubre, y tomando la mano al piloto, que se queda pasmado al verle: «Sigue, buen hombre -le dice-; ten buen ánimo, no temas, que llevas contigo a César y su fortuna.» Olvídanse al punto los marineros de la tempestad, e impeliendo con gran fuerza los remos porfían con ahínco por vencer la corriente; mas siendo imposible, y haciendo mucha agua el barco, con lo que corrió gran peligro en la misma embocadura, tuvo que condescender muy contra su voluntad con el piloto, que al cabo dispuso la vuelta. Al desembarcar sálenle al encuentro en tropel los soldados, quejándose y doliéndose de que no crea que con ellos solos puede vencer, y de que se afane y ponga en peligro por los ausentes, desconfiando de los que tiene consigo.

Plutarco

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.
(G. Khalil Gibran)



lunes, 6 de abril de 2020

Artesanía canaria



Vidas Paralelas:

Tito Flaminino

X. Viose entonces lo que muchas veces se ha dicho por  hipérbole acerca de la gran fuerza de la voz humana; porque unos cuervos que por casualidad volaban por allí cayeron al estadio. La causa fue sin duda haberse cortado el aire, porque cuando suben muchos gritos altos y reunidos, dividido el aire por ellos, no sostiene a las aves que vuelan, sino que hay cierto hueco en el que resbalan, como si diesen un paso en vago; a no que sea que reciban golpe como si les alcanzara un tiro, y con él caigan y mueran. También puede acontecer que se formen torbellinos en el aire, a manera de los remolinos del mar, que toman ímpetu vertiginoso de la magnitud del mismo piélago.

XIII. ...siendo costumbre de los esclavos, cuando se les da libertad, cortarse el cabello y ponerse gorros.... (Los gorros frigios, adoptados por los hombres de la Revolución francesa como símbolo que era de la libertad.)

Marcelo 

XIV. ...de todo lo cual hacían muy poca cuenta Arquímedes y sus inventos. No se había dedicado a ellos Arquímedes ex profeso y en serio, sino que los más eran para él como accesorios de una geometría que se divierte. En el principio fue el rey Hierón quien puso en ello su empeño y persuadió a Arquímedes que convirtiese alguna parte de aquella ciencia de las nociones abstractas a las cosas materiales, y que aplicando sus conocimientos a los usos de la vida, hiciese que le entrasen por los ojos a la muchedumbre. Fueron, es cierto, Eudoxo y Arquitas los que empezaron a poner en movimiento el arte tan apreciado y tan aplaudido de la mecánica, exornando con cierta elegancia la geometría, y confirmando, por medio de ejemplos sensibles e instrumentales, ciertos problemas que no admitían la demostración por el razonamiento y el dibujo lineal; como por ejemplo: el problema de las dos medias proporcionales, principio y elemento necesario para gran número de figuras geométricas, que llevaron uno y otro a una material inspección adaptando a su propósito ciertas intermedias sacadas de líneas y secciones curvas. Mas después que Platón se indispuso e indignó contra ellos, porque degradaban y echaban a perder lo más excelente de la geometría con trasladada de lo incorpóreo e ideal a lo sensible y empleada en los cuerpos que son objeto de oficios toscos y manuales, decayó la mecánica separada de la geometría y desdeñada de los filósofos, viniendo a ser por lo tanto una de las artes militares. Arquímedes, pues, pariente y amigo del rey Hierón, le escribió que con una potencia dada se puede mover un peso igualmente dado; y jugando, a lo que se dice, con la fuerza de la demostración, le aseguró que si le dieran otra tierra, movería ésta después de pasar a aquélla. Maravillado Hierón, y pidiéndole que verificara con obras este problema e hiciese ostensible cómo se movía alguna gran mole con una potencia pequeña, se hizo para ello con un gran transporte de tres velas del arsenal del rey, que fue sacado a tierra con mucho trabajo y a fuerza de un gran número de brazos; cargóle de gente y del peso que solía echársele, y sentado lejos de él, sin esfuerzo alguno y con sólo mover con la mano el cabo de un sistema de cuerdas y poleas, lo llevó a sí derecho y sin tropiezo, como si corriese por el mar. Pasmóse el rey, y convencido del poder del arte, encargó a Arquímedes que le construyese toda especie de máquinas de sitio, bien fuese para defenderse o bien para atacar; de las cuales él no hizo uso, habiendo pasado la mayor parte de su vida exento de guerra y en perpetua fiesta; pero entonces tuvieron los siracusanos prontos para aquel menester las máquinas, y con éstas al artífice.

XV. Al acometer, pues, los romanos por dos partes, fue grande el sobresalto de los siracusanos y su inmovilidad a causa del miedo, creyendo que nada había que oponer a tal ímpetu y a tantas fuerzas; pero poniendo en juego Arquímedes sus máquinas, ocurrió a un mismo tiempo al ejército y la armada de aquellos. Al ejército, con armas arrojadizas de todo género y con piedras de una mole inmensa, despedidas con increíble zumbido y celeridad, las cuales, no habiendo nada con que resguardarse de su peso, derribaban a cuantos pillaban debajo, y rompían la formación. En cuanto a las naves, por medio de grandes maderos con punta, que repentinamente aparecieron en el aire saliendo desde la muralla, a unas, impulsándolas con un peso que se apoyaba en ellos en lo alto, las hacían sumirse en el mar, y a otras, levantándolas rectas por la proa con garras de hierro o con picos semejantes a los de las grullas, las hacían caer en el agua por la popa, o haciéndolas girar sobre sí mismas por medio de cables cruzados que calaban adentro, las estrellaban en las rocas y escollos que abundaban bajo la muralla, con gran ruina de la tripulación. A veces hubo nave que levantada en alto de la superficie del mar, y dando vuelta así suspendida, fue un espectáculo terrible, hasta que, expelidos y desparramados como por una honda los que en ella iban, vino a caer vacía sobre los muros, o se deslizó por soltarse el garfio que la asía. Llamábase sambuca la máquina que Marcelo traía sobre el puente, por la semejanza de su forma con aquel instrumento músico; mas cuando todavía estaba bien lejos de la muralla se lanzó contra ella una piedra de peso de diez talentos, y luego segunda y tercera, de las cuales algunas, cayendo sobre la misma máquina con gran estruendo y conmoción, destruyeron el piso, rompieron su enlace y desquiciaron el puente; con lo que, confundido y dudoso Marcelo, se retiró a toda prisa con las naves y dio orden para que también se retirasen las tropas.
Tuvieron consejo, y les pareció probar si podrían aproximarse a los muros por la noche, porque siendo de gran fuerza los cables de que usaba Arquímedes, no podían menos de hacer largos sus tiros, y puestos ellos allí serían del todo vanos, por no tener la proyección bastante espacio. Mas a lo que parece, aquél se había prevenido de antemano con instrumentos que tenían movimientos proporcionados a toda distancia, con dardos cortos, teniendo además prontos escorpiones que por troneras no muy grandes, pero sí muchas y espesas, pudiesen herir de cerca sin ser vistos de los enemigos.

Plutarco

Hoy puede ser un gran día
Y mañana también.