Blogs que sigo

lunes, 11 de febrero de 2019

Centro Henri Lenaerts

Sin título

En realidad no eres Fidelia. Al oír ese bello nombre
lo creí, pero tú para mí eres más amarga que la muerte.
Rehuyes al que te ama y al que no te ama persigues,
para rehuirlo a su vez cuando te ama.
Tu boca es por naturaleza un anzuelo que enloquece; lo he 
mordido y me tienes ya colgado de tus labios de rosa.

Macedonio

Sin título

Arrojemos, grata amiga, nuestras ropas y que los miembros
desnudos se acerquen a los desnudos miembros
enlazándose. Que no haya nada en medio, pues tu delicado
velo me parece la muralla de Semíramis.
Nuestros pechos unamos y nuestros labios. Lo demás
en silencio se oculte. Odio la boca que no sabe cerrarse.

Paulo

sábado, 9 de febrero de 2019

Atkurtai Lietuvos Kariuomenei







Las campanas doblan por ti

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

John Donne

jueves, 7 de febrero de 2019

Museo de Jaén


A la hetera Dóride

Dóride arrancó un solo cabello de su melena dorada
y como a los prisioneros de guerra ató mis manos.
Al principio me reía, creyendo que me sacudiría
fácilmente la atadura de la deseable Dóride.
Al no tener fuerzas para romperla, comencé a gemir
como si estuviera encadenado por trabas de bronce.
Y ahora, tres veces malhadado, pendo de un hilo,
llevado con rienda corta adonde mi dueña me arrastra.

Paulo

A una muchacha

Puede que los sufrimientos del castigo de Tántalo
en el Aqueronte sean más livianos que mis dolores,
pues, a la vista de tu belleza, no se le prohibía unir sus labios
a tus labios, más delicados que los capullos de rosa.
Tántalo llora sin razón: la roca suspendida sobre su cabeza
teme, pero no puede morir otra vez.
Pero a mí, que estoy vivo, me consume la pasión
y estoy cerca de la muerte por agotamiento.

Paulo

miércoles, 6 de febrero de 2019

Marcapaginasporuntubo cumple 6 años



A Eros, epigrama que describe cuáles son sus rasgos

Denuncio a Eros, el salvaje: hace un momento,
de madrugada, se ha ido de mi cama volando.
El niño es de dulces lágrimas, siempre hablador, rápido, audaz,
chato y risueño, alado, con aljaba. No puedo decir
quién es su padre: Éter, Suelo y Piélago afirman
que no engendraron a ese desvergonzado. En todas partes
y a todos resulta odioso. Cuidad de que no tienda ahora
en algún sitio otras redes contra vuestras almas.
¡Ahí está! Miradlo en su agujero. No me pasas desapercibido,
arquero, aunque te escondas en los ojos de Zenófila.

Meleagro

A Ródope

Ocultemos, Ródope, nuestros besos y el deseado
y difícil trabajo de Cipris. Dulce es no ser
descubierto y esquivar los ojos cazadores de los guardas.
Las relaciones furtivas son más dulces que las públicas.

Paulo

martes, 5 de febrero de 2019

Segovia





Antología Palatina

Epigramas eróticos griegos

Epigrama erótico, «el amor femenino es natural, y el masculino, antinatural e impío»

El amor femenino es el más hermoso entre los mortales 
que tienen un espíritu respetable para el amor. 
Pero si te gusta también el deseo masculino, puedo enseñarte 
una medicina con la que atajar esa enfermedad de amor perverso.
Haz que Menófila la de bellas caderas se gire e imagínate
que tienes al mismo Menófilo en tu regazo.

A la doncella Alcipa

Estaba muy enamorado de la doncella Alcipa. 
Un día la convencí y la poseí a escondidas en su cama. 
El pecho de ambos palpitaba, no fuera que alguien viniese, 
que alguien viese los secretos de nuestros deseos sin medida. 
Pero el ruido de la cama no pasó desapercibido a su madre, 
que al vernos de repente dijo: 
«hija, compartamos este hallazgo».

Argentario

domingo, 3 de febrero de 2019

Museo del Ejército


Anacreónticas (4)

XXXV

Otra canción sobre Eros

Eros una vez de una abeja posada entre las rosas, por no verla, fue picado. En un dedo de la mano viose herido y lanzó un grito. Corriendo y aun volando hasta la bella Afrodita fue a quejarse:
«Perdido estoy, madre, perdido y ya muriendo: culebra minúscula con alas me ha alcanzado, la que llaman abeja los labriegos».
Y ella replicó: «Si ese aguijón, el de la abeja, así te duele, ¿cuánto dolor soportan te imaginas cuantos, Amor, eliges tú por blanco?».


XXXVI

Del avaro

Si por oro la riqueza permitiese prolongar la vida a los mortales, me afanaría en atesorarla, y así llegaran los achaques, un tanto se cobraran y se fuesen.
Si comprar la vida, empero, nos está negado a los humanos, ¿a qué vanamente me lamento, para qué lanzo sollozos?  Pues si estamos destinados a la muerte, ¿qué ganancia me reporta el oro?
Para mí, que haya de beber, degustando con mis fieles camaradas dulce vino, y en lechos bien mullidos oficiar los ritos de Afrodita.

viernes, 1 de febrero de 2019

Luarca



Anacreónticas (3)

XXXIII

Otro poema

Cierta noche cerrada, cuando ya la Osa había girado de la mano del Boyero y los pueblos mortales todos reposaban agobiados de fatiga, presentándose entonces el Amor sacudió los cerrojos de mi puerta.
-«¿Quién -dije yo- a mis puertas así llama? ¿Mis sueños así me desbaratas?».
Y Amor: «Abre -me dice-. Una criatura soy: no te amedrentes. Estoy calado y en noche sin luna voy errante».
Tuve compasión de sus palabras, luz encendí al punto y fui a abrirle. Y un niño portador de arco allí contemplo, con alas y una aljaba. Junto al fuego hice se sentase, con mis manos a las suyas di calor, en tanto que su pelo de la humedad libraba.
Y Amor, curado ya del frío, «probemos, ea, este arco -me propone-, por si el nervio con la lluvia está dañado».
Lo tensa y, como un tábano, me hiere del hígado en el centro. Y brinca y entre risas: «Huésped, alégrate conmigo, que sana tenemos nuestra arma, por más que tú penarás del corazón».