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sábado, 23 de marzo de 2019

Chubb Insurance


Consejos de un aristócrata bizantino (1)

El suceso tuvo lugar en el año 1014: Basilio II derrotó a las tropas del zar de los búlgaros Samuel (980-1014) en la región macedonia del alto Strimón y capturó a 14.000 enemigos. El emperador los cegó a todos menos a uno de cada cien que dejó tuerto para que guiara a sus compañeros de regreso a Bulgaria. Al ver llegar este terrible cortejo a Prilep, Samuel cayó al suelo sin sentido y murió dos días más tarde.
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Guárdate de la censura: si haces algo bien y te censuran los insensatos, no vaciles por ello, que mejor es que te censuren muchas personas carentes de juicio, que una sola sabia y experimentada.
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Que aprendan los que están bajo tu mando a actuar con prudencia imitando tu comportamiento. La justicia es un arma de guerra.
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Desde el momento en que revelas tus secretos a alguien, pasas a ser desde entonces su esclavo y cometerá contigo las mayores injurias y ofensas sin que te atrevas a replicarle. ¿Por qué ibas a sacrificar tu libertad voluntariamente? Sin duda dirás: «Es un hombre virtuoso y no divulgará mis secretos». No te das cuenta de que tú mismo despreciaste tus secretos cuando hiciste que otros oídos los escucharan. Lo que entra por los oídos, por los labios se divulga. De ahí que no debas comunicar tus secretos a nadie. No en vano dice el profeta: «Guárdate de decir nada al que duerme contigo».
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Planta todo tipo de árboles, y cañaverales que te produzcan beneficios y no requieran cuidados todos los años, pues te facilitarán el descanso.
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El que contempla las injusticias y no habla, es perverso.

Cecaumeno


jueves, 21 de marzo de 2019

Eu leo en galego



Poemas

Mi amante dice que ella no quiere hacer el amor con nadie, 
salvo conmigo, ni aunque se lo pidiera el mismo Júpiter. 
Eso dice, pero lo que dice una mujer a un amante apasionado 
hay que escribirlo en el viento y en el agua corriente.

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No pretendas obtener el agradecimiento de nadie por algún favor,
 ni creas que alguien pueda considerarse fiel. 
Todo es ingratitud; de nada (aprovecha) haber obrado bien; 
al contrario, incluso provoca disgustos y, lo que es más, rencor,
 como a mí, a quien nadie persigue con mayor dureza
 ni con más ensañamiento que quien hasta hace poco 
me tuvo a mí como solo y único amigo.

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Lesbia me critica siempre 
y no deja de hablar nunca de mí.
 Que me muera si Lesbia no me ama. 
¿Que qué pruebas tengo? 
Porque otro tanto me ocurre a mí. 
La maldigo continuamente, 
pero que me muera si no la quiero.

Catulo

martes, 19 de marzo de 2019

dÉpoca - Patricia Brent, solterona






Poemas

Gorrión, objeto de las delicias de mi niña, con quien suele jugar y retenerlo en su regazo, a quien, en su agresividad, acostumbra a ofrecer la yema del dedo e incitar sus duros picotazos, cuando a mi radiante amor le gusta entregarse a no sé qué apacible juego, pequeño consuelo a su dolor, para calmar, supongo, su ardiente pasión. Pudiera yo, como ella, jugar contigo y aliviar los tristes cuidados de mi alma.

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Llorad, ¡oh Venus y Cupidos!, y vosotros, cuantos hombres hay sensibles al amor. El pájaro de mi niña ha muerto; el pájaro, objeto de las delicias de mi niña, a quien ella amaba más que a sus propios ojos, pues era como de miel y la conocía tan bien como una hija a su madre y no se apartaba de su regazo, sino que, dando saltos de un lado para otro, sólo a su dueña piaba siempre. Ahora avanza por aquel camino cubierto de tinieblas, de donde dicen que no vuelve nadie. Pero os maldigo, malditas tinieblas del Orco, que todo lo bello devoráis. Tan bonito pájaro me habéis robado. ¡Oh maldito crimen! ¡Oh gorrioncillo, digno de lástima! Ahora, por tu causa, los ojitos de mi niña enrojecen hinchados de llanto.

Catulo



Lucía

Vuela esta canción para ti Lucía
La más bella historia de amor que tuve y tendré
Es una carta de amor que se lleva el viento
Pintada en mi voz
A ninguna parte, a ningún buzón.

No hay nada más bello
Que lo que nunca he tenido
Nada mas amado que lo que perdí
Perdóname si hoy busco en la arena
Una luna llena que arañaba el mar

Si alguna vez fui un ave de paso
Lo olvidé para anidar allí en tus brazos
Si alguna vez fui bello y fui bueno
Fue enredado en tu cuello y tus senos
Si alguna vez fui sabio en amores
Lo aprendí de tus labios cantores

Si alguna vez amé, si algún día
Después de amar, amé
Fue por tu amor, Lucía, Lucía

Tus recuerdos son cada día mas dulces
El olvido sólo se llevó la mitad
Y tu sombra aún se acuesta en mi cama
Con la oscuridad entre mi almohada y mi soledad.

domingo, 17 de marzo de 2019

Cristina Franco Roda



Protágoras fue el sofista que poseyó, con mucho, los más vastos conocimientos, el más elocuente entre los primeros descubridores de la Retórica, contemporáneo y compatriota de Demócrito, el físico, de quien tomó su doctrina. Dicen que este Protágoras convino con su discípulo Evado unos honorarios excesivamente elevados, pero con la condición temeraria de que Evado sólo le entregaría el dinero, si en su primera actuación ante los jueces hubiera ganado el proceso. Cuando Evado hubo aprendido, sin gran esfuerzo, todos los resortes capaces de suscitar la piedad de los jueces, las trampas que se tienden a los adversarios y los restantes artificios oratorios, hombre retorcido, por lo demás, y astuto por naturaleza, contento por haber aprendido lo que deseaba saber, comenzó a negarse a pagar lo que había convenido y a burlarse de su maestro, inventando excusas dilatorias y rehusando durante algún tiempo actuar ante los jueces y pagar. Por fin Protágoras lo citó ante los tribunales y, una vez explicada la condición bajo la que lo había aceptado como discípulo, presentó el caso en forma de dilema, diciendo: «Si gano yo el proceso, deberás pagarme mis honorarios, por haberlo perdido tú; si lo ganas tú, me los tendrás que pagar también, porque así lo has estipulado, puesto que será ésta la primera causa en la que has triunfado ante los jueces. Así, pues, si vences, incurres en la condición pactada; si eres vencido, quedas obligado por la sentencia condenatoria». ¿Qué más queréis saber? La conclusión les parecía a los Jueces decisiva e irrefutable. Pero Evado, como consumado discípulo de tan astuto maestro, retorció el dilema propuesto diciendo: «Si, en efecto, es como dices, en ninguno de los dos casos te debo lo que me pides. Porque, o venzo en el juicio y, por consiguiente, quedo absuelto, o soy vencido y, por tanto, quedo libre de lo convenido, en virtud de lo cual no debo pagarte esos emolumentos, si pierdo ante los jueces mi primer proceso. Así, pues, de todos modos quedo liberado; si soy vencido, por la condición impuesta por el pacto; si venzo, en virtud de la decisión judicial».

Apuleyo

viernes, 15 de marzo de 2019

Caixa Forum - Disney - El arte de contar historias






El filósofo Crates

Crates, en parte por oír a Diógenes exponer tales ideas y otras del mismo género y, en parte, por otras que se le ocurrían a él mismo, un buen día se lanza al foro, se desprende de su hacienda, como si ésta fuera una carga de estiércol, que le producía más molestia que utilidad y, después, cuando se había formado un grupo en torno suyo, grita con todas sus fuerzas: «Crates declara libre a Crates». Y, a partir de ese momento, vivió feliz el resto de su vida, sin necesitar de nadie y, además, desnudo y liberado de todo.
Y tanto se le quería, que una joven de noble familia, desdeñando a los más jóvenes y ricos pretendientes, le declaró espontáneamente su amor. Crates desnudó entonces su propia espalda, que tenía una gran joroba, puso en el suelo su alforja, su bastón y su manto y mostró a la muchacha que aquél era su único ajuar y que su hermosura era la que ella misma había contemplado. «Por lo tanto», añadió, «piénsalo, bien, no sea que después tengas que lamentarlo». A pesar de todo, Hiparqué aceptó el partido que Crates le ofrecía. Respondió que ya lo había previsto de antemano suficientemente y que había tomado una firme resolución, ya que en ningún lugar del mundo podría encontrar un marido más rico, ni más hermoso; que, por consiguiente, la llevara adonde quisiera.
El Cínico la condujo bajo un pórtico; allí, en un lugar frecuentado, se acostó con ella y, a la vista de todo el mundo y a plena luz del día, hubiera privado de su virginidad a la joven, que se prestaba a ello con igual intrepidez, si Zenón no hubiera extendido un raído manto y, gracias a esta intimidad, sustraído a su maestro a las miradas indiscretas de los circunstantes que se habían reunido a su alrededor.

Apuleyo

miércoles, 13 de marzo de 2019

Llibrería Carlos

Nº 27 - L´1 d´octubre

Nº 28 - Guerra civil i segona república

Nº 29 - Novel·la gráfica

Nº 30 - Fira del llibre d´ocasió

A los falsos filósofos se les debería aplicar cierto decreto de Alejandro Magno

Con objeto de que su efigie se transmitiera a la posteridad con la mayor fidelidad posible, no quiso que fuera maltratada por las manos de toda clase de artistas sin distinción. Promulgó, pues, en todo su Imperio un edicto, ordenando que nadie se atreviera a reproducir en bronce, en color o en grabados a cincel, el retrato del rey. Solamente Policleto tendría derecho a fundirla en bronce, sólo Apeles podría pintarla con sus colores, sólo Pirgóteles la cincelaría con su buril.
Exceptuados estos tres artistas, que sobresalían con mucho en sus respectivos géneros, si se descubría que algún otro había acercado sus manos a la sacratísima imagen del rey, se le castigaría como si se tratase de un sacrílego.

¿Acaso no os infiere la mayor de las ofensas aquel que piensa que os sentís felices al oír los insultos que lanza sobre las personas más decentes, el que estima que vosotros, o bien no comprendéis el alcance de sus expresiones malignas y viciosas, o bien, si las entendéis, las aprobáis?

Apuleyo