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viernes, 15 de marzo de 2019

Caixa Forum - Disney - El arte de contar historias






El filósofo Crates

Crates, en parte por oír a Diógenes exponer tales ideas y otras del mismo género y, en parte, por otras que se le ocurrían a él mismo, un buen día se lanza al foro, se desprende de su hacienda, como si ésta fuera una carga de estiércol, que le producía más molestia que utilidad y, después, cuando se había formado un grupo en torno suyo, grita con todas sus fuerzas: «Crates declara libre a Crates». Y, a partir de ese momento, vivió feliz el resto de su vida, sin necesitar de nadie y, además, desnudo y liberado de todo.
Y tanto se le quería, que una joven de noble familia, desdeñando a los más jóvenes y ricos pretendientes, le declaró espontáneamente su amor. Crates desnudó entonces su propia espalda, que tenía una gran joroba, puso en el suelo su alforja, su bastón y su manto y mostró a la muchacha que aquél era su único ajuar y que su hermosura era la que ella misma había contemplado. «Por lo tanto», añadió, «piénsalo, bien, no sea que después tengas que lamentarlo». A pesar de todo, Hiparqué aceptó el partido que Crates le ofrecía. Respondió que ya lo había previsto de antemano suficientemente y que había tomado una firme resolución, ya que en ningún lugar del mundo podría encontrar un marido más rico, ni más hermoso; que, por consiguiente, la llevara adonde quisiera.
El Cínico la condujo bajo un pórtico; allí, en un lugar frecuentado, se acostó con ella y, a la vista de todo el mundo y a plena luz del día, hubiera privado de su virginidad a la joven, que se prestaba a ello con igual intrepidez, si Zenón no hubiera extendido un raído manto y, gracias a esta intimidad, sustraído a su maestro a las miradas indiscretas de los circunstantes que se habían reunido a su alrededor.

Apuleyo

miércoles, 13 de marzo de 2019

Llibrería Carlos

Nº 27 - L´1 d´octubre

Nº 28 - Guerra civil i segona república

Nº 29 - Novel·la gráfica

Nº 30 - Fira del llibre d´ocasió

A los falsos filósofos se les debería aplicar cierto decreto de Alejandro Magno

Con objeto de que su efigie se transmitiera a la posteridad con la mayor fidelidad posible, no quiso que fuera maltratada por las manos de toda clase de artistas sin distinción. Promulgó, pues, en todo su Imperio un edicto, ordenando que nadie se atreviera a reproducir en bronce, en color o en grabados a cincel, el retrato del rey. Solamente Policleto tendría derecho a fundirla en bronce, sólo Apeles podría pintarla con sus colores, sólo Pirgóteles la cincelaría con su buril.
Exceptuados estos tres artistas, que sobresalían con mucho en sus respectivos géneros, si se descubría que algún otro había acercado sus manos a la sacratísima imagen del rey, se le castigaría como si se tratase de un sacrílego.

¿Acaso no os infiere la mayor de las ofensas aquel que piensa que os sentís felices al oír los insultos que lanza sobre las personas más decentes, el que estima que vosotros, o bien no comprendéis el alcance de sus expresiones malignas y viciosas, o bien, si las entendéis, las aprobáis?

Apuleyo

lunes, 11 de marzo de 2019

Museo Grecia



¿Has venido a acusarme o a someterme a un interrogatorio? Si has venido a acusarme, prueba las acusaciones que formulas contra mí; si has venido a interrogarme, no prejuzgues qué ha sucedido, puesto que tienes que preguntarlo, porque lo ignoras. Por este sistema, desde luego, todos los hombres podrían convertirse en reos. Bastaría que quien denunciase a alguien no tuviera necesidad alguna de probar los cargos imputados y, por el contrario, dispusiera de plenas facultades para interrogar al acusado. En efecto, a todos los reos se les objetará cualquiera de los actos que hayan llevado a cabo, de tal suerte, que cada uno de ellos puede convertirse en una práctica de magia. Tú has escrito un voto sobre el muslo de una estatua de Venus: por consiguiente, eres un mago; y, si no, ¿por qué lo escribiste? Has dirigido en un templo súplicas a los dioses en voz baja: por lo tanto, eres un mago; o bien ¿qué has pedido? O, al contrario: has estado en un templo y no has hecho plegaria alguna: por tanto, eres un mago; o también, ¿por qué no has rogado a los dioses? Del mismo modo podrías ser acusado, si hubieras depositado alguna ofrenda, ofrecido un sacrificio o cogido un ramo consagrado. Me faltaría tiempo, si quisiera enumerar todo aquello de lo que un acusador de mala fe podrá pediros cuentas de la misma manera. En especial, todo lo que se guarda, se sella o se conserva en casa bajo llave, de acuerdo con este razonamiento, será declarado mágico o llevado desde la estancia en donde se custodia ante el tribunal del foro.

Pero, ¡si seré yo necio! ¿Cómo se me ocurre pedirte que respetes el pudor ajeno, si has perdido el tuyo?

Apuleyo

sábado, 9 de marzo de 2019

Artés - Festa de la Verema


Toda ansia de enriquecerse nace de la creencia de que le falta a uno algo y no importa cuánto es lo que falta.

Para vivir, lo mismo que para nadar, es mejor el que está más libre de todo lastre.

Yo sé que los dioses aventajan a los hombres sobre todo en el hecho de que no necesitan de cosa alguna para su uso personal; así, pues, aquel de nosotros que precise de lo menos posible, es el más semejante a un dios.

El poeta Sófocles, émulo de Eurípides, al que sobrevivió, alcanzó una vejez muy avanzada. Como su propio hijo lo acusase de demencia, alegando que ya no estaba en sus cabales a causa de su edad, se dice que presentó ante el tribunal su Edipo en Colono, la más excelsa de sus tragedias, que casualmente estaba componiendo en aquellos momentos. La leyó a los jueces y no añadió más en defensa suya, sino que se atreviesen a condenarlo por demente, si no les gustaban aquellos versos, compuestos en su vejez. Entonces, según tengo entendido, todos los jueces se pusieron en pie ante un poeta tan grande y lo ensalzaron con las más entusiastas de las alabanzas, por la maestría del argumento y la trágica grandeza literaria, hasta el punto de que faltó muy poco para que condenaran por loco al propio acusador.

Apuleyo

jueves, 7 de marzo de 2019

Associació d´Amics Col·leccionistes de la Garrotxa - Sol de medianoche


Arreglemos nuestros asuntos

Hemos recorrido un buen sendero juntos, sobre el que desde el principio
reflexiona, Dífilo, cómo hacer que sea también duradero.
Pues a ambos nos ha correspondido algo alado: tú tienes
la belleza, yo el amor. Ambas son cosas de un momento.
Ahora permanecerán unidas un tiempo, pero si se las deja
sin vigilancia mutua, desaparecen volando.

Estratón

Dudas

¿Quién puede saber si su enamorado se marchita, si está
en todo momento junto a él, no abandonándolo nunca? 
¿Quién puede no agradar hoy, si agradó ayer? Pero si agrada,
¿qué puede ocurrirle para que no agrade mañana?

Estratón