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jueves, 14 de marzo de 2013

Impedimenta

Impedimenta, fundada en el año 2007 en Madrid por Enrique Redel, aspira a recuperar y redescubrir aquellas obras literarias esenciales para poder disfrutar de nuestro largo camino como lectores: obras que se lean, que se disfruten y que se guarden.
Su catálogo está integrado por Gran Narrativa perteneciente a la tradición occidental, que se presenta en nuevas ediciones y con una aproximación editorial totalmente fresca. Un proyecto que fue galardonado en 2008 con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural.
Impedimenta nace, pues, para recuperar clásicos incontestables, pero también para «fabricar» clásicos modernos, planteando, además, un diálogo entre lo antiguo y lo moderno.





lunes, 11 de marzo de 2013

Pagès Editors

Pagès Editors fue creada por Lluís Pagès Marigot el año 1990 en Lleida. Nació con el propósito de publicar libros en lengua catalana y desde su nacimiento, ya ha publicado alrededor de dos mil títulos, que representan un fondo importante del catálogo editorial.
Las colecciones y las lineas editoriales son variadas y han evolucionado con el paso de los años.  La voluntad de su director ha sido siempre la misma, una voluntad de trabajo, de rigor y una apuesta clara por la calidad, tanto por lo que concierne a los contenidos como a las formas.




Libros del Asteroide

Libros del Asteroide es una editorial independiente fundada en Barcelona en el año 2005.
Libros del Asteroide quiere ofrecer a sus lectores obras fundamentales de la literatura universal de los últimos setenta y cinco años que no hayan sido publicadas antes en español o que se encuentren descatalogadas.
Su selección trata de construir un catálogo coherente, llamado a perdurar y que ilumine al lector de nuestro tiempo. 
Un ritmo de publicación razonable permite cuidar la selección, edición y difusión de cada uno de sus títulos dedicándoles la atención que se merecen.

martes, 5 de marzo de 2013

Sequitur

Ediciones Sequitur comenzó su andadura a principios del año 97.
Es una editorial comprometida con la publicación de temas sociales afincada en Madrid. 
Del verbo latín, sequor, sequitur significa "procede, resulta con coherencia" y es, sin duda, el lema de este proyecto editorial.





Castelao

“El retrato”

Para tranquilizar la conciencia eché mi título de médico en el fondo de la gaveta y busqué otro tipo de trabajo para vivir. Las gentes ya no sabían que yo era dueño de tan terrible licencia oficial; pero una noche fueron solicitados mis servicios. 
Era domingo. Melchor, el tabernero, me esperaba junto a la puerta. Me dio las «buenas noches» y rompió a llorar, y por entre los sollozos le salían las palabras tan estrujadas, que solamente logró decirme que tenía un hijo a punto de morir. 


El pobre padre tiraba de mí, y yo me dejaba llevar, cautivado por su dolor. ¡En realidad, yo era médico titulado y no podía negarme! Y tuve tan fuertes ansias de complacerlo, que sentí brotar en mis adentros una gran ciencia...
Cuando llegamos a la casa de Melchor, conseguí desprenderme de sus manos, y con disimulada pena le confesé que sabía poco de la carrera...
-Piensa que hace muchos años que no visito enfermos.


Y entonces Melchor, haciendo un esfuerzo, me dijo pausadamente:
-Mi hijo ya no necesita médicos. Yo ya sé que el pobre no sale de esta noche. ¡Y se me va, señor; se me va y no tengo ningún retrato suyo!
¡Ay!, yo no había sido llamado como médico, yo había sido llamado como retratista, y al instante sentí ganas amargas de echarme a reír.


Y por verme libre de trabajo tan macabro le dije que una fotografía era mejor que un dibujo, le aseguré que por la noche pueden hacerse fotografías, y echando mano de muchos razonamientos logré que Melchor se apartase de mí en busca de un fotógrafo.
La cosa quedaba arreglada, y me fui a dormir con mil ideas enredadas en la cabeza.
Cuando estaba cogiendo el sueño llamaron a mi puerta. Era Melchor.
-¡Los fotógrafos dicen que no tienen magnesio!


Y me lo dijo temblando de angustia. La cara muy pálida y los ojos como dos pezones de carne roja de tanto llorar.
Jamás vi un hombre tan deshecho por el dolor.
Suplicaba, suplicaba, y me cogía las manos, y tiraba de mí, y el desdichado decía cosas que me abrían las entrañas:
-Tenga consideración, señor. Dos trazos de usted en un papel y ya podré mirar siempre la carita de mi niño. ¡No me deje en la oscuridad, señor!


¡Quién tendría corazón para negarse! Cogí papel y lápiz y allá me fui con Melchor dispuesto a hacer un retrato del muchacho moribundo.
Todo estaba en calma y todo estaba silencioso. Una luz mortecina alumbraba, en amarillo, dos caras estremecedoras que olfateaban la muerte. El niño era el centro de aquella pobreza de la materia.
Sin decir nada, me senté a dibujar lo que contemplan mis ojos de tierra, y solamente al cabo de algún tiempo conseguí acostumbrarme al drama que presenciaba y aun olvidarlo un poco, para poder trabajar, entusiasmado, como un artista. Y cuando el dibujo estaba ya en su punto, la voz de Melchor, agrandada por tanto silencio, me hirió con estas palabras:
-Por el alma de sus difuntos, no me lo retrate así. ¡No le ponga esa cara tan cadavérica y tan triste! 



Confieso que al volver a la realidad no supe qué hacer y me puse a repasar las líneas ya trazadas del retrato. El silencio fue roto nuevamente por Melchor:
-Usted bien sabe cómo era mi niño. Haga memoria, señor, y dibújemelo riendo.
De repente surgió en mí una gran idea. Rompí el trabajo, concentré mi mirada en un nuevo papel blanco y dibujé un niño imaginario. Inventé un niño muy bonito, muy bonito: un ángel de retablo barroco sonriendo.
Entregué el dibujo y salí huyendo, y, en el momento de poner el pie en la calle, oí que lloraban dentro de la casa. La muerte había llegado.
Ahora Melchor se consuela mirando mi obra, que está colgada encima de la cómoda, y siempre dice con la mejor fe del mundo:
-He tenido muchos hijos, pero el más bonito de todos fue el que se me murió. Ahí está el retrato, que no miente. 


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