Blogs que sigo

sábado, 24 de junio de 2017

Kodansha Editorial (Japan)





 Ocho de Diciembre

(Fragmento)

Quise avisar a mi marido, que se encontraba durmiendo en la habitación de al lado, así que le desperté para contár­selo. Antes de terminar, me contestó firmemente a través de la puerta corrediza de papel:
—Lo sé, lo sé... Ya me he enterado. Se notaba que estaba algo nervioso e irritable. Fue una casualidad que, justo hoy, alguien tan perezoso como él estuviese despierto tan temprano. Dicen que los artistas tienen un sexto sentido, así que puede que notase alguna señal y se despertase. No sé. En aquel momento sentí cierta admiración por él, pero lo que dijo a continuación hizo que aquella admiración mía se desvaneciese.
—Pero, ¿por dónde cae exactamente el oeste del océano Pacífico? Por San Francisco, ¿no?
Aquella salida suya me defraudó muchísimo. No sé qué le pasará a mi marido con el tema de la geografía, pero es que no se entera de nada. Hay veces en las que dudo de si de verdad sabe dónde está el este y dónde el oeste. Hasta hace poco, creía que el lugar más caluroso del mundo era el Polo Sur y el más frío era el Polo Norte. Cuando me lo dijo, llegué incluso a dudar de que tuviera coeficiente inte­lectual. El año pasado me contó que, cuando fue de viaje a la isla de Sado y pudo divisarla desde el barco de vapor a lo lejos, se pensó que se trataba de Manchuria. ¡El muy necio se creía que estaba en China! Para mí que es absolutamente estúpido. No sé cómo alguien tan tonto logró entrar en la universidad. No pasa un día en que no me lleve una decep­ción con él.
—El oeste del océano Pacífico será la parte más cercana a Japón —le contesté.
—Pues vale —dijo de mal humor. Se puso a pensar y prosiguió—. Espera, no lo entiendo. ¿Cómo puede ser que los Estados Unidos se encuentren al este y Japón al oeste? Japón es «el país del Sol naciente», porque el sol sale por el este, ¿no? Y yo que siempre había creído que el sol salía por Japón, ¡qué decepción! Y ahora vas y me dices que Japón no está en el este asiático. ¡¿No hay ninguna manera de demostrar que Japón esté al este y que los Estados Unidos estén al oeste?!
¡Pero qué estúpido es, qué estúpido!
Osamu Dazai


Marcapaginasporuntuboこのエントリのぞみ江村を捧げ

jueves, 22 de junio de 2017

Lernort Natur



La grulla

Aunque he tardado en hacerlo desde que me lo pidieron, ahora quisiera componer un fabliau de una historia que oí contar en Vercelay, durante una partida de dados. Es muy breve y el que me la contó no suele mentir: escuche ahora quien quiera oír.
Esto cuenta Garin que sabe contar: hubo una vez un noble que no era loco ni villano sino cortés y bien enseñado. Tenía una hija extraordinaria, de gran belleza, pero el noble señor no quería que la viesen demasiado ni que con ella hablase ningún hombre. Tanto la quería y apreciaba que la había encerrado en una torre; con ella sólo estaba su nodriza que no era tonta ni loca sino mujer prudente y de gran sabiduría. Había cuidado siempre de la doncella y la había educado.
Un día por la mañana, quiso la nodriza preparar la comida de la doncella. Necesitaba una escudilla y se fue corriendo hasta la casa, que no estaba lejos, a buscar lo que necesitaba dejando abierta la puerta de la torre. Mientras tanto pasó por delante de la torre un joven que llevaba una grulla que había cogido: la llevaba en la mano derecha. La doncella, que estaba en la ventana, se entretenía mirándolo. Llamó al joven que llevaba la grulla y le dijo: "Querido amigo, dime, ¿qué pájaro es ése que llevas?" -"Señora, por todos los santos de Orleáns, es una buena y hermosa grulla " -"Por Dios que es muy grande y gorda, nunca había visto una igual. Si quisieras te la compraría" -"Señora, si ello os place os la venderé" -"Di, ¿qué te daré por ella?" -"Señora, es vuestra por un polvo" -"Por la fe que debo a San Pedro el apóstol, no tengo ningún polvo para darte a cambio; no te quiero engañar, si lo tuviese, así Dios me ayude, la grulla sería mía" -"Señora, bromeáis; estoy seguro de que si buscase, encontraría a montones; daos prisa y pagadme". Ella jura por Dios que nunca vio un polvo.
"Joven, le dice, sube. Busca por arriba y por abajo, debajo de los bancos, de la cama, por donde quieras, a ver si encuentras un polvo". El joven era bastante cortés y subió rápidamente; simula buscar por todos lados: "Señora, sospecho que está debajo de vuestra pelliza". Ella, que era ingenua y tonta, le dijo: "¡Ven y mira!" El joven no se lo hizo repetir: abrazó a la doncella que ya se alegraba con la grulla. La puso sobre la cama, le levantó la camisa y también las piernas. No tardó en encontrar lo que buscaba. La doncella le dijo suspirando: "Joven, buscas con demasiada brusquedad". Él, que estaba muy atareado, se echó a reír y contestó: "Es justo que os dé mi grulla, ya es vuestra " -"Has hablado bien, ahora vete".
La deja triste y pensativa. Salió de la torre y no tardó en llegar la nodriza. Vio la grulla y se le estremeció la sangre. Preguntó rápidamente: "¿Quién ha traído aquí este pájaro? Señorita, decídmelo" -"Lo he comprado yo. Se lo compré a un joven que me lo trajo aquí" -"¿Qué le diste?" -"Un polvo, señora, eso fue lo único que le di, por mi alma" -"¡Un polvo! ¡desgraciada, infeliz!, ¡qué loca fui cuando os dejé sola! ¡Cien veces me siente mal cuanto he comido en mi vida! ¡ahora sí que tengo un buen plato! y me temo que por mucho tiempo". Por poco no perdió el juicio la nodriza, cayó al suelo desmayada. Cuando volvió en sí desplumó la grulla y la preparó. No la quería con ajos, le apetecía con pimienta. A menudo había oído decir en muchos sitios: la desgracia que acaba en el fogón vale más que la que no aprovecha. Aunque le pese, prepara la grulla y se va a buscar un cuchillo para vaciarla. La doncella volvió a mirar por la ventana; vio pasar de nuevo al joven muy contento de su aventura. La joven lo interpeló de inmediato: "Joven, venid aquí, mi nodriza se enfadó porque os habíais llevado mi polvo y me habíais dejado la grulla. Por favor, venid a devolvérmelo. No debéis enfadaros conmigo; venid y me dejaréis en paz" -"Con gusto, señorita, ahora subo". Volvió a tumbar a la joven y a meterse entre sus piernas. Cuando hubo acabado se fue, pero no dejó la grulla sino que se la llevó con él. Volvió la nodriza que quería ensartar el ave. "Señora, dijo la infeliz, no necesitáis ensartarla. Se la ha llevado el que sale por la puerta y os aseguro que me ha devuelto el polvo". Cuando la oye la nodriza se desespera y maldice: "¡Maldita sea la hora en que os guardé! Mala guardia hice cuando así estáis empolvada y yo sin grulla; yo misma di lugar a ello: el mal guardián da de comer al lobo".

(Flabiaux)

martes, 20 de junio de 2017

Museo de la ciudad de Antequera

      

De Napeo a Creníades

Tú sabes que yo cargué mi burra con higos y pasteles de frutas. Pues bien, la fui guiando hasta que conseguí vender la mercancía a uno de mis clientes. Luego, un in­dividuo me acompañó hasta el teatro y, tras acomodarme en un buen lugar, me embelesó con diversas demostraciones. La mayoría de éstas no las retuve en la memoria, pues, en efecto, soy poco diestro para recordar y contar tal género de cosas, pero hubo una en particular que, al yo verla, me dejó boquiabierto y casi sin habla: un cierto tipo avanza hasta el centro, coloca una mesa de tres pa­tas y, sobre ésta, tres platitos. Después debajo de éstos deslizó unos pequeños cantos rodados de color blanco, co­mo los que habitualmente se encuentran en las orillas de los torrentes. Luego, unas veces aparecía cada guijarro debajo de cada recipiente, otras -sin saber yo cómo ­estaban todos bajo uno solo y, finalmente, desaparecieron todos de debajo y surgieron en su boca. Una vez que se los hubo tragado, hizo salir a la pista a los espectadores que estaban más cercanos y le quitó uno de la nariz al primero, otro del oído al segundo y otro de la cabeza  a un tercero. Tras haberlos recuperado, los hizo desaparecer de nuevo de nuestra vista. Este hombre aventaja por la habilidad de sus manos a Euríbates de Ecalia, del que tanto hemos oído. Ojalá no aparezca por mi terruño una criatura semejante, pues no podría ser capturada por na­die y, después de haberme quitado todas las provisiones que hay en el interior de casa, pondría punto final a su tarea con las del campo.

Alcifrón

lunes, 19 de junio de 2017

REPETIDOS - LICEU

LICEU

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