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viernes, 4 de octubre de 2013

La Carpa Juanita y Compañía


Cuando nos hemos trasladado a ver la carpa amaestrada el sol del mediodía iluminaba la superficie circular de la balsa. En el agua turbia se deslizaban peces rojos y plateados. El Capitán ha hecho sonar una campanilla que estaba apoyada en el borde de la balsa. He supuesto que este reclamo formaba parte del ritual, pues era muy improbable que el sonido tuviera efecto alguno.
Comoquiera que fuese, la carpa Juanita ha aparecido de inmediato y ha rozado la superficie del agua muy cerca de donde se hallaba el Capitán. Era más oscura de lo que recordaba: un pez casi negro, de un palmo de tamaño, cuya irrupción ha provocado la desbandada de los otros peces. Aunque lo he visto muy fugazmente, me ha parecido un animal tan primitivo que, si en lugar de sesenta o setenta años, como aseguraba el Capitán que tenía, me hubieran dicho que había vivido algunos miles de años, también lo habría creído. La aparición de la carpa negra significaba una regresión en el tiempo, no sólo de mi tiempo, empujado medio siglo atrás, sino de todo el tiempo, del conjunto de los hombres, del de cualquier especie, del de la vida como tal.
El Capitán, risueño y aparentemente feliz, estaba muy concentrado en los preparativos del banquete. Ahuyentados los demás peces, la carpa Juanita ha rozado coquetamente la superficie en varias ocasiones. Estaba expectante y ya no regresaba a las aguas profundas de la balsa. Por fin el Capitán ha estado listo y ha depositado un fideo corto y fino en una cucharita metálica. Ha acercado la cucharita al agua. Un segundo después surgía la cabeza de la carpa limpia y vigorosamente, como si un muelle la hubiera expulsado hacia el exterior. Su boca redonda ha succionado instantáneamente el contenido de la cucharita.
Por tres veces el Capitán ha repetido la misma operación. En cada ocasión la carpa parecía llegar con mayor impulso hasta su objetivo, de modo que mayor también era la parte de su cuerpo que permanecía un instante fuera del agua. Mientras esto sucedía el pez, bañado por el fulgor del sol, dejaba de ser oscuro para transformarse en dorado. Luego la carpa de oro se sumergía de nuevo en el agua turbia y algo verdosa de la balsa.
Tras estas apariciones el Capitán ha considerado que ya había devorado suficientes fideos. Estaba satisfecho con el comportamiento de su pez amaestrado. Transcurridos unos minutos, los necesarios para que hiciera la digestión, daría de beber con el porrón a la carpa Juanita.

He escuchado esta consideración del Capitán como si hubiera sido dicha desde muy lejos. Creo que ha añadido algo más pero no he entendido sus palabras. Yo estaba todavía observando el triple salto de la carpa envuelta en la luz solar. El pez aparecía y desaparecía con extraordinaria lentitud y la mano del Capitán sosteniendo la cucharita también se movía muy lentamente. Muy cerca, asomadas las cabezas por encima del borde de la balsa, había un grupo de niños. He reconocido a Manolo, a Maricarmen, a mi hermano, cuya cabeza sobresalía más que las de los otros. Tenían los ojos muy abiertos, contemplando las lentas evoluciones de la carpa. Al fondo se oían gritos y risas, pero igualmente ralentizadas, como una grabación que se escucha a menor velocidad de la requerida. También podían oírse, desde una gran lejanía, las olas del mar, apenas el rumor cansinamente reiterado del mar calmo.
El Capitán ha inclinado un pequeño porrón hacia la boca voraz de la carpa Juanita. El chorro, un hilo muy delgado, ha entrado en ella, pero unas gotas se han vertido en la superficie del agua. Después el Capitán ha esparcido trocitos de fideos para que también los otros peces de la balsa participaran del banquete.
Lo he acompañado a través del jardín hasta la casa, donde su mujer le esperaba para comer. Me ha invitado pero he rehusado. Al despedirnos me ha dicho que lo visitara siempre que pudiera. Se lo he prometido.






Los marcapáginas de Vilanova son ilustraciones de la artista vilanoví Rosa Altés i Romagosa.
El marcapáginas de Acantilado de la obra "Visión desde el fondo del mar" de Rafael Argullol, también vilanoví, de donde está sacado el texto relativo a "La Carpa Juanita" y "El Porrón".